Panoramas: Alexi Tuomarila Imprimir Correo electrónico

Por Jesús Gonzalo
Fotos: Aki Suvanto

“La riqueza del jazz europeo reside en las diferencias culturales de sus países”. Bajo ese prisma de identidad se construye un elaborado y personal sonido que permeabiliza elementos de la música clásica y del folclore finlandés con las esencias rítmicas africanas. Llamados a encontrarse más por cercanía sensitiva que geográfica, Tuomarila es el nuevo pianista de los grupos de Tomasz Stanko.

 

Bajo el signo del alumbramiento
Un país que está a la cabeza en métodos educativos tiene que estarlo en  música. Pese a contar con una estimulante escena, el jazz finlandés es el más desconocido de entre los nórdicos. Alexi Tuomarila (Pori, 1974) empezó estudiando piano clásico a los 5 años en la Espoo Music Academy. Entre 1993 y 1994 lo hizo en el avanzado Oulunkylä Conservatory de Helsinki, centro fundado en 1972. Su trayectoria formativa y vital le sitúa a medio camino entre Helsinki y Bruselas, con estancias en Amsterdam y París.
Marcha con su familia a la capital belga, donde continúa sus estudios en el Royal Conservatory (1994-1999) a la vez que empieza a despuntar con sus grupos. Tuomarila cultiva una degustación melódica y tímbrica que comparte reforzamiento rítmico sin recargar espacios. Personal e inventivo, el pianista finés no parece tener referentes claros de estilo, aunque si lo encontramos en una exposición más aislada y reflexiva su pianismo recuerde a la elegancia contenida de Bobo Stenson; y en los tiempos rápidos, donde nunca resulta gratuito, su agilidad en el fraseo y en el contraste de dinámicas revela una reconocida admiración por Brad Mehldau.

Introspección melódica
“En la música de Alexi el oyente es arrastrado hacia la intensidad, como si todo estuviera expresado, como si penetrara en la melodía buscando el silencio”. Son las palabras que le dedica Mehldau. Como el americano, la intensidad del piano de Tuomarila se despliega colocando frases en escalas ascendentes y en varias líneas melódicas al mismo tiempo. “La primera vez que le escuché fue como una revelación. Si me gusta la música, no me centro en la interpretación sino en la composición. Pero Mehldau es diferente, siempre pone a la música en primer lugar. Puedes oír con claridad todo lo que hace, técnicamente es un maestro, es muy imaginativo usando tanto la melodía como el ritmo”. Precisamente, la elocuencia de su discurso reside también en una expresión que conjuga interiorización melódica con empuje o sujeción rítmicos.

Noaidi apenas dura cuatro minutos. Su melodía es contagiosa. Hay en ella una bella mezcla de sentimientos que respira espíritu libre y nostalgia. “Cuando me fui a vivir a Bélgica la música tradicional de mi país estaba dentro de mi; intentaba imaginar el paisaje de mi tierra en sus cuatro estaciones”. Decidido, el piano ataca en solitario un breve segmento doblado en ambas manos; la repetición en pulsaciones cortas convierte el impulso rítmico en énfasis melódico con la llegada del saxo tenor, que se funde al unísono. “Es una pieza inspirada en el folclore del pueblo sami, significa chamán en laponés. Intento imaginar el canto de un brujo recitando hechizos en el crudo y oscuro invierno”. Luego entran bajo y batería y cambia radicalmente el tempo hacia un swing lento pero enérgico. El piano calla y aguarda. El ímpetu del principio deviene en un presagio esperanzador que emerge de la fragilidad extendida por el saxo. Ambos momentos, hilados por solos, quedan hábilmente enmarcados en un esquema de canción. Alguien había escrito el título en letra roja. Noaidi aparecía en una lista de cuatro temas que completaban una maqueta. Cuatro minutos bastaron. En 2005 gana el Concurso Internacional de Jóvenes Intérpretes de Granada, donde se presenta con su grupo en febrero de 2006. Meses después, su carrera da un salto determinante.

Tomasz Stanko
“Conocí a Stanko en la edición de 2006 del festival de Oslo. Él tocaba con Bobo Stenson justo antes que mi trío. Se quedó a escucharnos. Poco después recibí una llamada en la que me invitaba a tocar con él en Varsovia. Desde entonces le he acompañado por media Europa”. Pasar de liderar grupos con músicos de tu edad a compartir cartel con estos maestros (ha tocado con Kenny Wheeler o Joey Baron) impone respeto: “Estaba en un gran escenario a solas con Anders Jormin. Me puse algo nervioso. Ahora es muy fácil colaborar con Stanko. Nos deja mucha libertad, a él no le importan los fallos. Tiene clara la dramaturgia del concierto de principio a fin, lo más importante para él es hacer que la música suceda”. Una música de intensidad fluctuante, que trasciende el sonido y el espacio entre silencios, música de líneas estilizadas hasta lo ingrávido, de relieves y sombras sesgadas por destellos de luz en la trompeta. Stanko y Rava son los mayores estetas de este instrumento en ECM. “Estoy en dos proyectos de Stanko (Quartet y Quintet), así que espero grabar allí algún día, aunque hay otra posibilidad, en mi trío toca Mats Eilertsen, habitual del sello”.

Lunas de Saturno sobre la Alhambra
En la producción discográfica de Tuomarila, con preeminencia de la escritura sobre el standard, destaca la realizada por el cuarteto, un conjunto con referencias ineludibles del histórico de Coltrane que sugiere una conexión más estrecha con el que mantuvieron a principios de los setenta Jan Garbarek y Bobo Stenson. En Voices of Pohjola y 02 (donde se recogía Noaidi) el esquema, con la música popular como elemento dominante, adopta un enfoque similar, más descriptivo si cabe en 02. En él encontramos piezas que son claro ejemplo de este doble argumento de identidad entre el folclore, en la ya mencionada Noaidi o en Goodbye Little Godfather, y respecto a la música clásica en Sacrament (“intenté recrear una polifonía sacra”). Son melodías que arrancan decididas y luego descienden a una autoafirmación melancólica, intercalando segmentos de tensión lírica en una escritura sólida y original. Runo X, grabación y disco que forman parte del galardón conseguido en Granada, y cuya salida el músico anuncia antes del verano tras una espera de dos años (“desconozco las razones”), es la obra cumbre del cuarteto.

Una colección de títulos inspirados en las lunas de Saturno (salvo uno que hace honor al lugar donde se bautizó: El Paseo de los Tristes) sirve de lanzadera a unos fundamentos expresivos que ganan en libertad de gestos y de espacios intermedios. Los contrastes de intensidad, aquí más acentuados, están protagonizados por los intercambios de piano y saxo y por la distribución en trío con ambos instrumentos. Nicolas Kummert penetra en la melodía abriéndola hacia un lirismo hiriente. El sonido pulido de su saxo y un fraseo que pasa del impresionismo al expresionismo parecen estar inspirados por un bello contrasentido. El toque seguro y colorista, esquemático y ocurrente de Teun Verbruggen sostiene los tiempos mientras extiende figuras irregulares. Antti Lötjönen es un bajista de escuela nórdica, con un sonido redondo e introvertido que dibuja líneas cantables. Madurez anterior a Stanko.

Tuomarila acaba de realizar una grabación para el que será el estreno discográfico de su nueva banda, Woodoo Allen (Nicolas Kummert: saxos, Andre Fernandes: guitarra, Mats Eilertsen: bajo, Markku Ounaskari: batería); tras Constellation, prepara una vuelta a los estudios al frente de su trío (Mats Eilertsen: bajo, Olavi Louhivuori: batería) y a piano solo. En la actualidad está inmerso en la escritura de una composición para gran formato con espacios restringidos a la improvisación.

Discografía
2001: Voices of Pohjola (Igloo/AMG)
2002: 02 (Warner Music)
2004: Constellation (Jazzway Records)
2006: Runo X (AEDA Records)
Con Tomasz Stanko
2009: Dark Eyes (ECM)
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