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Tipografía en el disco de jazz

Esta exposición recoge las obras de algunos diseñadores gráficos especialmente interesados por el uso creativo de la tipografía. El nexo de unión entre ellos es su trabajo para la industria del disco, y concretamente para el disco de jazz, género musical que durante muchos años ha admitido e incluso ha propiciado la libertad creativa en la presentación visual de sus producciones. Ello sucedió así porque el jazz creció en pequeños sellos independientes cuyos propietarios eran sobre todo aficionados a esta música, que no subordinaron la imagen de los discos a sus intereses comerciales y dieron un amplio margen de expresión a sus diseñadores, frecuentemente entusiastas del jazz, como ellos.

La mayoría de los diseñadores destacados en este género se encuentran representados en la muestra: pioneros como Alex Steinweiss –que inventó la cubierta discográfica cuando trabajaba para el sello Columbia en 1939– o David Stone Martin; artistas tempranos que llevaron el diseño de jazz a su primera madurez, como Burt Goldblatt o Paul Bacon; John Hermansader y Reid Miles, que establecieron la estética del sello Blue Note; diseñadores que desarrollaron un estilo altamente sofisticado para reivindicar la música negra, como Robert Flynn, Marvin Israel o Loring Eutemey; partidarios de un historicismo fructífero, como Paula Scher, o inventores de una estética del jazz europeo, como Barbara Wojirsch.

El recorrido por la exposición, que cubre aproximadamente desde 1940 hasta 1990, siempre con el disco de vinilo como hilo conductor, permite lógicamente hallar ecos de las tendencias del diseño contemporáneo de cada momento: la huella de la tradición moderna, la investigación histórica y la vuelta a la ilustración estilo Push Pin, el pop art, el diseño publicitario de las revistas ilustradas, la influencia de Lubalin, el racionalismo suizo, etcétera. Pero, más importante que todo eso, encontramos diseñadores que reinterpretan creativamente el diseño gráfico de su tiempo. Los mejores de ellos desarrollaron una identidad propia reconocible al instante e imitada después, en el campo del disco o más allá. Algunos, los más, fueron artesanos que pasaron a la posteridad por un momento feliz, grabado eternamente en la memoria del aficionado al jazz. Como Rick Poynor nos recuerda, la cubierta del disco “impregna” la música de forma indeleble, está presente cada vez que lo escuchamos, algo que no consigue la cubierta del libro que leemos una vez y colocamos en la estantería, fuera de nuestra vista, tal vez para siempre.

En cuanto a la tipografía, pocas veces ha sido tan elocuente o ha hablado tantas lenguas en tan corto espacio. Letras de fantasía, textos escritos a mano, familias diferentes combinadas de modo ingenioso y provocativo, tipos de moda, tipos olvidados, graffitis, letras estarcidas, signos de exclamación con valor textual, grandes capitulares que amenazan con exceder el límite del disco, textos diminutos con vocación de pasar desapercibidos, palabras que gritan y palabras que susurran, mayúsculas deformadas por procedimientos fotográficos, párrafos dispuestos a modo de dibujo, pictogramas, objetos que imitan letras, letras que parecen otras cosas...

 

Jorge García

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